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IECE-2020

Iglesia Evangelica Cristiana Espiritual

Avívame en tu camino

noviembre 16, 2018 Por CNm7wVSQbK

Avivar: Animar, vivificar, reanimar, encender. 

David, el rey de Israel, manifiesta su preocupación por mantener un estado de ánimo vivo en su servicio al Todopoderoso. Ciertamente él tenía muchas cosas que hacer en su calidad de rey, y aunque muy pocos se atreverían a cuestionar sus decisiones, él no desestimaba la ayuda del Señor en la realización de sus tareas. El rey rogaba a Jehová que cada una de sus acciones se apegara a los mandamientos del Señor, que en su corazón hubiera tal temor que aun en el pensamiento no divagara de los santos mandamientos, que siempre mantuviera viva en su corazón la justicia de Dios para no pecar contra Él. “Tú encargaste Que sean muy guardados tus mandamientos. ¡Ojalá fuesen ordenados mis caminos A observar tus estatutos! Entonces no sería yo avergonzado, Cuando atendiese á todos tus mandamientos. Te alabaré con rectitud de corazón, Cuando aprendiere los juicios de tu justicia. Tus estatutos guardaré: No me dejes enteramente.” Sal. 119:4-8. 

Ciertamente el camino de Dios es gratificante, maravilloso y pleno de gozo celestial; pero este sendero santo se transita en medio del mundo de maldad; los peligros acechan a cada paso, el adversario intenta continuamente hacer resbalar nuestro pié, amargar nuestro corazón, desanimar al peregrino. “Sed templados, y velad; porque vuestro adversario el diablo, cual león rugiente, anda alrededor buscando á quién devore.” 1P. 5:8. 

Cuando el cristiano se deja deslumbrar por la vanidad de este mundo mengua su resistencia, se apaga su fe; su ánimo de seguir a Cristo se extingue poco a poco y está cercano a la muerte. 

David sabía las consecuencias de perder el enfoque, pero también sabía cómo contrarrestar esos efectos y en nuestro versículo de base nos da la fórmula del triunfo: 1.-“Aparta mis ojos, que no vean la vanidad…” y 2.- “…Avívame en tu camino.” Caminamos en medio de vanidad, vivimos y nos movemos en un ambiente hostil, pero la presencia de Dios en nosotros nos impedirá mirar o amar la vanidad; en consecuencia, nuestro ánimo crecerá, seremos vivificados en su justicia, en la observancia de sus mandamientos y jamás desmayaremos. San Pablo el apóstol de los gentiles lo definió así: “POR tanto nosotros también, teniendo en derredor nuestro una tan grande nube de testigos, dejando todo el peso del pecado que nos rodea, corramos con paciencia la carrera que nos es propuesta, Puestos los ojos en el autor y consumador de la fe, en Jesús; el cual, habiéndole sido propuesto gozo, sufrió la cruz, menospreciando la vergüenza, y sentóse á la diestra del trono de Dios. Reducid pues á vuestro pensamiento á aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, porque no os fatiguéis en vuestros ánimos desmayando.” He. 12:1-3. 

Queridos hermanos: Que el fuego del Espíritu Santo arda cada día más en nuestro corazón; que así como el Señor encendió la ofrenda del profeta Elías en el monte Carmelo y como encendió la zarza en el Sinaí, así avive nuestro Corazón en su santo camino y entonces, en los momentos difíciles, diremos como el profeta Jeremías: “…Empero fue en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos…” Jer. 20:9. 

Dios les bendiga.

El Testigo de la Fe Apostólica Noviembre 2012  Sección Varonil

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